He llegado a la conclusión de que Cirilo es un perro de casa que tiene una errada vocación de vagabundo. Apenas ve un resquicio en la puerta o portón que da a la calle y se lanza a escudriñar cada rincón de la colonia, a seguir cuanto rastro lo hipnotiza, a pasar algunas noches en algún lote baldío o acurrucado en los cajetes que rodean los parques.
Hace tiempo Cirilo se ausentó por más de tres meses. La sensación general, aunque no hablada, era que ya no volvería como en tantas veces que se iba y volvía por la noche o al siguiente día o a los dos días.... Casi cien días eran suficientes para empezar a dar cabida a la resignación cuando, una mañana, tempranísimo, la Topa salía a trabajar y lo encontró junto a la puerta, lloriqueando.
Esa aventura trajo algunas complicancias: regresó flaco, en los puros huesos; con el pelambre cual si fueran rastas; con un olor nauseabundo; y numerosas pulgas habían hecho su casa entre sus pelos enmielados. Hubo que vacunarlo, cuidarlo, alimentarlo, bañarlo; lo importante era su regreso, casi como el hijo pródigo bíblico....
Ayer por la tarde otra vez se fue, se lanzó de nuevo a la calle; la preocupancia se ahonda al considerar que Cirilo es un perro pequeño y nunca se detiene para buscar pleito con otros canes mucho más grandes, fuertes y rabiosos que él....
Cirilo es un perro con errada vocación de vagabundo, pues le encanta divagar pero difícilmente sabe sobrevivir a la calle.
(En el Día Mundial del Libro -a celebrarse el próximo mes- se hará una lectura pública -por doce horas- de la novela "Al filo del agua" de Agustín Yáñez, que se impuso en la votación a "El extranjero" de Albert Camus y a "Aura" de Carlos Fuentes. Un escritor tapatío -nacido en El Santuario- para una lectura entre tapatíos.)
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