
El desasosiego. La primera vez que leí esta palabra aparecía ligada a la poesía de Pessoa. Muchos se llenaban la boca de palabras para decir que Pessoa era un poeta del desasosiego. Que sus poemas contribuían a desasosegar el alma. La definición escueta (como las hay por cientos) que provee la RAE de desasosiego es “falta de sosiego.” Y este último es “quietud, tranquilidad, serenidad”, si atendemos también a la Real Academia. Pessoa, entonces, era un poeta experto en dar al alma un estado de paz: sus letras dotan al alma de un sereno transcurrir.
Saramago, paisano de Pessoa, era un escritor, como el poeta, experto en el desasosiego, han dicho muchos a últimas fechas y se han apresurado a argumentar tales declaraciones. Las novelas del nacido en Azinhaga conducen al alma a un prado extenso en el que campea a sus anchas, vive en un desenvolvimiento por demás natural. Saramago era un ferviente admirador de Pessoa; sin embargo, no podría afirmarse que el novelista imitara al poeta a tal punto, con tan marcada fe, como para trabajar también por la erradicación del desasosiego en las almas de los lectores.
Tabucchi, en Réquiem, una novelita homenaje a Pessoa, en la que el escenario central es la capital portuguesa de Lisboa y cuyo texto fue escrito en portugués (y no en italiano, el idioma natural del novelista nacido en Piamonte), apuesta a que el desasosiego en Portugal es tan común como dar el buenos días a cuanto transeúnte uno se tope en la acera. El encuentro, al final de la novela, entre el protagonista (que, asumo yo, es Tabucchi mismo) y Pessoa, a medianoche, sella la ferviente admiración que el escritor italiano le reza no sólo al poeta, sino a ese desasosiego que destila Réquiem.
El desasosiego en tierras lusas, parece decir Tabucchi en su texto, es una forma de hacer y ver arte, una costumbre que no se olvida ni deja de practicar, una parte de esa cultura que el pueblo se encarga de mitificar, un postulado que los portugueses llevan al extremo en su cotidianidad más demencial (caótica, absurda, incomprensible.) No por nada dice la canción, “el velo semitransparente del desasosiego, se vino a instalar un día entre el mundo y mis ojos; yo estaba empeñado en no ver lo que vi pero a veces, la vida es más compleja de lo que parece.”
“Fuimos / niños náufragos / de algo. / Adolescentes / náufragos. / Pero ahora las banderas / las izamos nosotros / y movemos / nosotros / los timones. // Absurdo es dejar / que el tiempo pasado / nos detenga. / Tenemos la vida toda abierta. // Se comprende / que pueda ser oscura, / pero en las oficinas, / los conventos, las crujías; / oscura en los libros / o en los consejos, / pero no en la calle. // Porque en la calle se sufre / de hambre, / de frío, / de policías, / pero a la luz, / abiertamente, / mano a mano con todos.”
Alejandro Aura, “I” en Tambor interno (1963-1965)
Imagen: ciclic.wordpress.com
1 comentario:
Pero el desasosiego nunca significa lo mismo para las personas, porque la cuasa siempre es distinta.
¿Quién tendrá sosiego en la actualida?, ¿quién no se preocupa por si tendrá trabajo, dinero, familia, vida?
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