
Las tardes en Guanatos son así: traen un sabor delicado, imposible de discenir a la primera, escurridizo para aquellos que son ajenos. Las tardes aquí son quietas, lánguidas, blandas “como alma de caracol”. Más allá de la mitad del día aquí ya no despuntan las luces, más bien se repliegan y arremeten ya cuando el silencio lo es todo: las tardes son, al fin, el principio de la noche, y ésta no es otra cosa que el cobijo de una tarde cuyos ecos han ido de un lugar a otro dejando tras de sí un tintineo inquieto, un aroma que hace hondura. Las tardes en Guanatos son así, insistentes, tercas, desde que las recuerdo así las identifico: aquí es preciso llevar a todos lados una disposición invencible para encontrarle la gama de colores con los que las tardes vienen untadas, colores discretos, que no hablan, se desviven en tenues murmuraciones. En Guanatos, esas tardes endebles, de relámpagos deslumbrantes, a menudo vienen con lluvia: ese vestido a veces ampuloso, ceñido otras tantas, que da la sensación de que la atmósfera adquiere un matiz de vaivén –en contadas tardes más bien-, por lo que se vuelve imperioso salir a la calle a atrapar esos miles de murmullos que se van elevando y dejan la tarde, la abandonan a su suerte, a su húmedo estatismo tantas veces meloso. Las tardes en Guanatos son así, siempre lo han sido, y me recuerdan, invariablemente, esa sensación fascinante que envuelve a las planicies amarillentas donde rebosa un viento apacible, melodioso, exquisito, que renueva todo lo que toca. Las tardes aquí, qué se le va a hacer, son así, y no de otro modo.
“Escuchar. Olvidar. Dos neblinas. / La espuma del sufrimiento / cala en el encaje náufrago / de mi silbido matinal. / Aquí están los sonidos / olvidadizos, las crepitaciones / que amarillean. / Una vez más, / todo será escuchar / u olvidar”
“Escuchar. Olvidar. Dos neblinas. / La espuma del sufrimiento / cala en el encaje náufrago / de mi silbido matinal. / Aquí están los sonidos / olvidadizos, las crepitaciones / que amarillean. / Una vez más, / todo será escuchar / u olvidar”
David Huerta, “Olvidar”
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