miércoles, 1 de octubre de 2008

Pensando en los amigos


Llevo días pensando en los amigos que he tenido a lo largo de mi vida. Rostros casi del todo borrosos. Hoy, cataclismos y tropiezos menores de por medio, esos amigos se han reducido al mínimo; si acaso sobreviven menos de diez. La cuestión, como pudiera parecer, no es echar en cara nada a nadie o hacer un recuento minucioso de aquellos que han abandonado el barco desconociendo que avistar tierra no era la intención del embarque. Ni tampoco deseo señalar que al son de los acontecimientos alguien haya decidido partir; quizá algunos simplemente así lo quisieron, tal vez ni siquiera contemplaron la posibilidad, sólo cómodamente se dejaron arrastrar por la inercia de la cotidianidad.
Fuera de pretender, asimismo, hacer de este texto un compacto desglose de anécdotas y vivencias amistosas que han dado para un sinnúmero de sensaciones, lo que quiero es asentar cómo, a veces sin proponérselo, la amistad misma va exigiendo el que se prescindan de ciertos acercamientos y se articule una lista de querencias importantes o “necesarias”, si se quiere: los viejos amigos –en mi caso- tienden a ser una masa fantasmal, pero percatarse de ello conlleva identificarse, en las aciagas noches de insomnio o tras una parada al lado del camino, como un ser que ha adquirido un enorme listado de hábitos solitarios, sempiternos, quizá egoístas, y sin embargo altamente imprescindibles.
“Cuando un amigo se va”, es una canción de Cabral que reseña la historia de todo lo que le acontece, a partir de la partida, al que se queda: es decir, el itinerario se modifica al paso, los planes sufren variaciones que en ocasiones llegan a ser definitivas: la amistad, como puede verse, es una veta de la que bien pueden salir joyas finísimas o cantidades enormes de lodazal y desperdicio de arena, hojas secas, agua cenagosa, etcétera. El trabajo, casi siempre a oscuras y por lo común demandante, ha de ser perseverante, desinteresado, e incluso requiere algunas dosis de sacrificio. Algo que, debo confesarlo, no se me da mucho.
Los amigos, que los he tenido (y tengo) enormes y valiosos, más que una glosa de nombres ahora más cadavéricos y casi difuminados en la bruma de la distancia, constituyen una constelación que, no obstante su difícil visualización en distintas épocas, guardo celosamente bajo llave, en los adentros, en una sección a la que no es posible ingresar como si tal.

“¿Qué le digo a los perros que se iban conmigo en noches perdidas de estar sin amigos? ¿Qué le digo a la luna que creí compañera de noches y noches sin ser verdadera? ¿Qué hago ahora contigo? Las palomas que van a dormir a los parques ya no hablan conmigo. ¿Qué hago ahora contigo? Ahora que eres la luna, los perros, las noches, todos los amigos”
Silvio Rodríguez, “¿Qué hago ahora?” en Mujeres

(Ahí se los dejo: en una entrevista publicada el lunes pasado en El País, Eduardo Galeano decía sobre los prejuicios de los intelectuales y pensadores al respecto del futbol: “Para los intelectuales de izquierdas, el futbol hace que el pueblo no piense. Para los de derechas, es la prueba de que piensa con los pies”. El futbol, pese a todo –digo yo-, sin dejar de lado sus etiquetas de negocio y entretenimiento, y ya sea que se practique o se le vea, es una aglomeración de pretensiones sobrehumanas.)

Imagen: onlymaryonly.blogspot.com (la pintura se llama “amistad”, de Francisco Clemente)

2 comentarios:

Chica azul dijo...

Me gusta la nueva cara azul de tu blog. Y respecto a los amigos, yo no los he tenido a montones pero tengo unos cuantos y muy buenos que durante muchos años me han acompañado por la vida sin pedir nada más que estar ahí, de vez en vez, cuando se necesita, y me congratulo por eso, esos otros me han ayudado a ser y seguir. Acertado el post en estos días en los que se acerca el aniversario de una de mis pérdidas más dolorosas pero que me recuerda que, sin importar el lugar ni el tiempo, los recuerdos y los sentires se mantienen, aún sin creer en el más allá.

Celestino García Madero dijo...

"Sólo morir permanece como la más inmutable razón. Vivir es un accidente, un ejercicio de gozo y dolor"
(León Gieco)
Un abrazo