miércoles, 25 de noviembre de 2009

De tumbos por la ciudad


Mucho se discute en los últimos tiempos sobre la movilidad en las ciudades. Por tal cosa (la movilidad) la interacción se ha visto impelida a modificar su modus tradicional. Hoy la prisa es la que manda. Todo hay que hacerlo con apuro, en el pleno acelere. La lentitud, por tanto, ha mutado en pasmo ante el espectáculo cotidiano. Se respira una atmósfera de quehaceres y conversaciones a marchas forzadas, a tal punto que el tránsito por las calles de la ciudad, peatonal y vehicular, ha caído preso de una especie de tiranía de la prisa. Si no se entra en ese ritmo se está, de un modo práctico, fuera de este mundo; y no se trata precisamente de un escape que conduzca a un desenfado productivo.
En Guanatos trasladarse de un lugar a otro ya se ha convertido en toda una odisea, en una simulación de peregrinaje atolondrado, en una búsqueda con tintes épicos: para llegar a tiempo al lugar deseado hay que anticiparse a toda clase de obstáculos que se atraviesan en el trayecto: un tráfico vehicular denso, situaciones no previstas, múltiples accidentes, calles y avenidas cerradas por remozamiento u obras de drenaje, cambios repentinos de rutas del transporte público, además de algunas marchas o mítines o protestas o peregrinaciones o plantones o desfiles o cualesquiera que sea la razón de un conglomerado de gente que toma las calles, que las modifica en su fondo y apariencia. Pareciera que todos los habitantes salen a un mismo tiempo a la calle, e incluso que llevan la misma dirección.
Si hablamos de autos, por ejemplo, Guanatos en su trazado y crecimiento desmedido no contempla zonas de desahogue vehicular; más bien algunas importantes arterias viales (que no vialidades, como se empeñan –entercan– en llamarlas) se han transformado en auténticos cuellos de botella (del interior hacia fuera): se agiliza el tráfico vehicular en algunos cruces mediante eliminación de semáforos o cambio de circulación en ciertas calles y todo ese contingente de automóviles van a estancarse en algún crucero en particular: la ingente creatividad a la hora de buscar soluciones al explosivo parque vehicular a menudo se topa con la carencia de una estructura que soporte tamañas ideas, por decir lo menos. Es como un viaje a la semilla sólo que a su máxima potencia y con un cometido que en sus fines media la esquizofrenia y otras manifestaciones y desesperaciones.
Y si hablamos del peatón, hay que decir que no se incentivan o promocionan otros medios de transporte alternativos: porque una cosa es recurrir a la arenga desgastada del uso de la bicicleta como solución vial y de combate a la contaminación, y otra muy diferente es atreverse a circular en dos ruedas en una ciudad como la nuestra, porque ello supone una especie de suicidio anunciado y legitimado, por la ausencia de ciclovías y una señalética especial para tal acción; esto sin considerar la poca –o nula– educación vial, y la carencia de una diestra manera de conducir, de la mayoría de los automovilistas. Quizá la cuestión delicada radique en cómo decidimos circular por la ciudad donde vivimos, pues de ahí se desprende el modo en que la relación conductor-vehículo-ciudadano-ciudad se estrecha o se desvincula en una línea paralela dirigida hacia el infinito.

“Porque te tengo y no / porque te pienso / porque la noche está de ojos abiertos / porque la noche pasa y digo amor / porque has venido a recoger tu imagen / y eres mejor que todas tus imágenes / porque eres linda desde el pie hasta el alma / porque eres buena desde el alma a mí / porque te escondes dulce en el orgullo / pequeña y dulce / corazón coraza // porque eres mía / porque no eres mía / porque te miro y muero / y peor que muero / si no te miro amor / si no te miro”
Mario Benedetti, “Corazón coraza”

Imagen: vidaytiempodeljuezroybean.blogspot.com

No hay comentarios: