martes, 2 de febrero de 2010

Correo indeseable


La bandeja de correo electrónico depara sorpresas. Cuando menos se lo espera uno aparecen envíos del tipo “aumenta tu largo y ancho y elimina la impotencia”, “novedosa dieta para bajar de peso en tan sólo semanas” (no aclaran que puede tratarse de 52 semanas, ¡un año enterito!), “re: a la espera de su respuesta urgente” (cuando no pedí una respuesta y menos con premura), entre tantos otros correos cuyos asuntos son tan disparatados como puede ser a veces un hecho sacado de la realidad. El correo electrónico se ha vuelto una trinchera que, para nuestra desgracia, ha caído ya en manos del enemigo.
Se sabe que existe, para esos correos non gratos, una pestaña llamada “correo no deseado” y que por regla general allí deberían ir a parar todos esos envíos que no resultan del interés del propietario del correo; pero de alguna forma se las ingenian los remitentes para que éstos se almacenen en la bandeja de entrada. Si ya, incluso, no se puede estar seguro de esa manera: a dónde iremos a parar aquellos que detestamos encontrar toda clase de publicidad que ni nos concierne ni nos podría llamar en un momento dado. ¡Tanta basura circulando por la red y alguien tiene el tino de arrojarla a nuestra cuenta personal!
Algunos de los asuntos de dichos correos pueden devenir francas sonrisas o carcajadas incluso; mas la cuestión, por otra parte, no es si mueven a risa o no, sino que cada día que pasa las cuentas personales, contraseñas y toda clase de argucias para mantenerlas en el anonimato vienen a ser tan sólo antigüedades expuestas a la vista de todos. Sucede que cualquier día uno se percata de que la cuenta ha sido hackheada, invadida por no sé qué bastión talibán con sucursal en Occidente o liga de la justicia a nivel continente y uno se ve obligado a cambiar cuenta, contraseña, pregunta secreta y cuanta cosa “asegure” por un tiempo más el que no será de nuevo sustraída.
Se sabe que la seguridad en estos menesteres electrónicos nunca ha sido del todo buena. Entonces, dicha fragilidad nos obliga a permanecer alertas, en continua vigilia por si de nuevo a alguien, desde sabe qué lugar del mundo –tan cerca o tan lejos– se le ocurre que, por ejemplo, pachitoeldetepito@.... resulta una cuenta que ni mandada a hacer para conspirar contra una medida antidemocrática o para tratar de invadir la red con una pléyade zoológica de virus. Van y vienen tantas consignas y tantas propuestas valederas que a menudo se rechaza, por mera cuestión de seguridad, alguna que en el fondo nos simpatiza.
(Desde una de mis cuentas de correo comenzaron a mandar material a mis contactos, que al abrir desplegaba un cártel que resultada por demás ofensivo y vulgar, cuyo asunto estaba escrito en portugués y el mensaje no merece siquiera ser citado).

“Por distraerse, a veces, suelen los marineros / dar caza a los albatros, grandes aves del mar, / que siguen, indolentes compañeros de viaje, / al navío surcando los amargos abismos. // (….) Este alado viajero, ¡qué inútil y qué debil! / él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco! / ¡éste quema su pico, sádico, con la pipa, / aquél, mima cojeando al planeador inválido! // El poeta es igual a este señor del nublo, / que habita la tormenta y ríe del ballestero. / Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, / sus alas de gigante le impiden caminar.”
Charles Baudelaire, “El albatros” en Las flores del mal

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