jueves, 5 de febrero de 2009

De lo increíble


En la inauguración de la Serie del Caribe 2009, el lunes pasado, en la ciudad de Mexicali, el cantante popular Julio Preciado saltó al centro del diamante del Estadio Casas Geo para entonar, como colofón de un evento que reúne en torno al béisbol a cuatro países: Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y México por supuesto, el himno nacional mexicano.
Al cantante norteño, como ya le ha sucedido a muchos, se le olvidó la letra del himno; pero la cosa no acabó allí, pues el sinaloense pasó del olvido a la intrépida acción de cambiar la letra: “al sonoro rugir del bridón”, dijo, y por si fuera poco, con un tono distinto al tradicional.
No es de extrañar el asunto –aunque no deja de irritar– si consideramos que continuamente, sobre todo en eventos deportivos, acontece algo similar: en el Estadio Jalisco, por ejemplo, ya en dos ocasiones a los invitados a cantar nuestro himno se les ha olvidado la letra: uno de ellos fue la cantante Lupita Mariscal, del mariachi Las Perlitas, en 2004, quien inventó lo siguiente: “Profanar un extraño enemigo, profanar con sus alas su nieto, que en cielo que hoy es acento, por un dedo de Dios escribió…”. Vista así, qué risible resulta la lógica de su interpretación.
En ese mismo año, en un encuentro entre equipos mexicanos en Texas se invitó al cantante puertorriqueño Luis Ramírez a cantar el himno, y esto fue lo que dijo: “Piensa patria tus sienes de oliva… de la paz del latir del olivo…” entre otras barrabasadas. En esta ocasión, entre otras cosas, además de la reprobable ejecución, podría cuestionarse por qué se invitó a alguien que no es mexicano, sin un afán de menospreciar a éste ni a ningún otro extranjero. Y así hay innumerables y lamentables casos, como el de Coque Muñiz, Paloma Ríos, etcétera.
La ley prevé sanciones monetarias y de reclusión –ésta en caso de no cubrir lo económico– para quien altere o modifique la letra y música del himno nacional. Sin embargo, este tipo de acciones deberían implicar otro tipo de castigos, que hagan que se lo piense más de una vez en aceptar aquel cantante que sea invitado a entonar el himno, máxime si se trata de un connacional, en el que este tipo de yerros son increíbles y desastrosos.

“Por qué siembro la tarde / entre las fauces de una pálida / tumba?... Yo quisiera / tocar, sentir, buscar, / con profunda violencia. / Yo quisiera, estrujándolas, / dar nuevo aliento / a las canciones sepultadas / en secreto”
Jaime García Terrés, “Correo nocturno II” en Las provincias del aire

Imagen: www.partt.org

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