jueves, 4 de junio de 2009

Imprevistos


Hasta cierto punto es comprensible el arrebato de la gente cuando algo o alguien altera su ritmo cotidiano. En ese trecho que va del horario particular al reloj que rige la convivencia entre los demás caben un sinfín de variantes que pueden ir delimitando la capacidad de tolerancia y adaptación en el entorno. Sin embargo, lo que raya en un matiz por demás ultrajante, se da cuando, so pretexto de esa alteración de las líneas trazadas por cualquier individuo, éste recala (avasalla, agandalla, arrasa, arrastra) con quienes le rodean.
Los planes o las estructuras de las actividades obedecen a esa negación de ir improvisando sobre la marcha, y para bien o para mal las cosas se suceden, digámoslo así, sobre ruedas; el asunto se sale de sus márgenes cuando un acontecimiento o un imprevisto se atraviesa en el camino trazado: las variantes que de ello se pueden desprender abren un sinnúmero de caminos que, de entrada, parecen un tanto atrayentes, pero más allá del principio no resultan lo esperado, y sobreviene, entonces, la franca molestia o el desatino.
Hay quienes, no obstante la avalancha de sucesos no contemplados, saben sacarle la vuelta a las cosas con una facilidad que los hace parecer saltimbanquis en medio de un barullo de ciudad en hora pico: el malabarismo, la improvisación, el escapismo, la inventiva, el acierto ante el peligro, son todas cartas que guarda bajo la manga y elige según la situación y los posibles escenarios venideros. No hay mejor manera de salirse de una encrucijada, en sentido figurado, que devolver el ataque a quien primero tiró la piedra: es como saberse en la línea de llegada cuando la bandera indica “salida”.
Las cosas, en definitiva, se van al traste cuando todo está empecinado en no sólo alterar el trazo de los aconteceres, sino que, al mismo tiempo, obstaculiza cualquier vía que se considere para poner en práctica los planes resolutivos: la cerrazón de todo horizonte en una jornada común no llega a considerarse siquiera como una posibilidad, ni remota ni cercana, aunque sí puede representar un factor que altere la concepción de un día previsto como otro, como el que se fue, como el que no pedimos, como el que se vive en estos momentos.

“Nuestro tema está cantado con arena, / espuma y aves del amanecer. / Nuestro tema está listo para ser / brisa de las alas migratorias. / Nuestro tema es para ver llover. / Nuestro tema está desnudo en un balcón, / fotografiando espigas de la mar. / Nuestro tema está viéndonos juntar / besos a las seis de la mañana. / Nuestro tema es para recordar”
Silvio Rodríguez, “Nuestro tema” en Tríptico V. 1

Imagen: propiedad de Daniela Edburg, encontrada en el sitio: musicwassaved.wordpress.com

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