martes, 27 de octubre de 2009

La bestia de arcoiris


Es el caballo solitario de Acueducto. Como el mítico Llanero, pero éste es una bestia. Es enorme, de lejos. De cerca lo es más. Cuando lo vi por primera vez me fascinó: ni siquiera tiene las patas delanteras alzadas, pero su figura es geométricamente proverbial. A simple vista se comprueba que no se trató de un caballo que muriera en plena refriega: y, sin embargo, la polvareda que dejan sus cascos atraviesa el asfalto de la avenida, difumina el amplio camellón que la parte en dos, en tanto sus colores le dan un matiz despintado al sol: todo aquíabajo presenta un tono distinto al que en realidad tiene.
El caballo solitario está hecho de arcoiris. Al menos esa es la impresión. Lo supongo por su apariencia. Cuando se le tuvo cerca y la distancia se va abriendo entonces, milagrosas, le aparecen alas en los costados: lo curioso es que no emprende el vuelo, ni agita esas luminosas extremidades; se limita a flanquear, con una actitud de pegasso olvidadizo, el paso de los vehículos que lo rondan día y noche. Su mirada de mil colores la dirige hacia una parte de la ciudad que le devuelve un reflejo esperanzador.
Hubo un día en que desde una acera me le quedé mirando por largo rato. En el aire citadino flotaban palabras, vientos encontrados, y una brisa que soplaba de este a oeste. La corriente me trajo sus murmullos.Era por la tarde, ya en sus últimos minutos: mis ojos no lo abandonaron en ningún instante y no se movió ni un centímetro, no resopló ni trotó ni emprendió carrera alguna. Fue formidable ver su estatismo, detenido en la periferia del tiempo. Su quietud le viene de tiempo atrás, y es avasallante, demoledora. No mueve ni un músculo, ni abre el hocico para nada.
El caballo es el animal de las mil batallas: ha estado presente en numerosas guerras, en un sinfín de descubrimientos, en el acomodo de paisajes, y ha recorrido más leguas de tierra que cualquier otra especie que carezca de alas. El caballo no fue inventado, sino traído de un lugar remoto: su adaptación a este ambiente ha estado plagado de inconvenientes y tropezones: mas su trote es el adorno perfecto para su figura balanceada, rítmica. El caballo solitario, no obstante, nació aquí, es de por estos lares: la planicie de arcoiris que va de su nuca a la grupa así lo anuncia.

“Gracias por la ebriedad, / por la vagancia, / por el aire / la piel / las alamedas, / por el absurdo de hoy / y de mañana, / desazón / avidez / calma / alegría, / nostalgia / desamor / ceniza / llanto. / Gracias a lo que nace, / a lo que muere, / a las uñas / las alas / las hormigas, / los reflejos / el viento / la rompiente, / el olvido / los granos / la locura. / Muchas gracias gusano. / Gracias huevo. / Gracias fango, / sonido. / Gracias piedra. / Muchas gracias por todo. / Muchas gracias. / Oliverio Girondo, / agradecido”
Oliverio Girondo, “Gratitud”

1 comentario:

Minerva Delgadillo dijo...

Espero ir pronto y conocer a tu caballo solitario. Queda pendiente una visita a Chapala, yo sigo esperando.

¿Qué tal todo contigo? Desapareces drásticamente, temandaré men para saludarte.

Un beso.