
Hace algunos días se cumplió un mes que encargué una base de cama en una mueblería. A menudo sucede que se tiene la solución a la mano pero se busca en un lugar más remoto; así ocurrió en este caso. La cuestión es que se me dijo que en dos semanas a más tardar tendrían terminado mi encargo. Cerrado el trato, dejé un adelanto de cuarenta por ciento del total de la cantidad acordada y salí de allí, satisfecho por el precio y por las buenas migas que había hecho con quien me atendió: don F., un anciano de ésos que se ganan a la gente en un dos por tres.
Cumplidos quince días llamé a la mueblería preguntando por don F., para saber cuándo y a qué hora me entregarían la base. Don F. me dijo, palabras más palabras menos, que en cinco días más él me llamaría, pues una tormenta, cuatro días antes, había echado abajo un poste de luz justo frente al taller: no habían podido trabajar en toda esa semana. Pasado ese tiempo don F. no me telefoneó, así que yo le llamé: era un viernes, y me pidió hasta el siguiente jueves para entregarme lo solicitado. Don F., para variar, tampoco se puso en contacto conmigo ese dicho jueves; dejé pasar poco más de una semana más y tras no recibir telefonazo ninguno me presenté en la mueblería: don F. no me reconoció al principio y me dijo de nuevo lo del poste de luz, pero tras ver la copia de la factura cayó en la cuenta de que ya me había dicho eso tres semanas atrás y el rostro se le descompuso.
Con una desfachatez de lo más irritante, sin embargo, me pidió una semana más para cumplir con lo pactado, y que de no ser así me devolvía el adelanto que le había dado. Así de sencillo: después de casi cuarenta días deshacía un trato como si se tratara de desanudarse los zapatos. ¿Y el tiempo que me hizo perder? Y su negocio, ¿de esa manera tan burda lo cuida? ¿Qué clase de comerciante pone por delante excusas antes que razones, incluso cuando de ganancias se trata?
Le espeté, hasta eso que con respeto y cuidando que no se me fuera la mano, unas cuantas cosas a don F., pues, por principio de cuentas,nunca me habló con la verdad: con cautela y disimulo siempre fue tanteando el terreno para ver qué plazo podía sacar mientras de la base no habían lijado ni un solo pedazo de madera.Y de entre todo ese entramado de promesas falsas y verdades a medias, la pérdida para su negocio no se reduce a una base de cama, sino a un legajo de deshonestidad. ¡Qué poca madre!
“Cansado. / Sí. / Cansado / de usar un solo bazo, / dos labios, / veinte dedos, / no sé cuántas palabras, / no sé cuántos recuerdos, / grisáceos, / fragmentarios. // Cansado, / muy cansado, / de este frío esqueleto, / tan púdico, / tan casto, / que cuando se desnude / no sabré si es el mismo / que usé mientras vivía”
Cumplidos quince días llamé a la mueblería preguntando por don F., para saber cuándo y a qué hora me entregarían la base. Don F. me dijo, palabras más palabras menos, que en cinco días más él me llamaría, pues una tormenta, cuatro días antes, había echado abajo un poste de luz justo frente al taller: no habían podido trabajar en toda esa semana. Pasado ese tiempo don F. no me telefoneó, así que yo le llamé: era un viernes, y me pidió hasta el siguiente jueves para entregarme lo solicitado. Don F., para variar, tampoco se puso en contacto conmigo ese dicho jueves; dejé pasar poco más de una semana más y tras no recibir telefonazo ninguno me presenté en la mueblería: don F. no me reconoció al principio y me dijo de nuevo lo del poste de luz, pero tras ver la copia de la factura cayó en la cuenta de que ya me había dicho eso tres semanas atrás y el rostro se le descompuso.
Con una desfachatez de lo más irritante, sin embargo, me pidió una semana más para cumplir con lo pactado, y que de no ser así me devolvía el adelanto que le había dado. Así de sencillo: después de casi cuarenta días deshacía un trato como si se tratara de desanudarse los zapatos. ¿Y el tiempo que me hizo perder? Y su negocio, ¿de esa manera tan burda lo cuida? ¿Qué clase de comerciante pone por delante excusas antes que razones, incluso cuando de ganancias se trata?
Le espeté, hasta eso que con respeto y cuidando que no se me fuera la mano, unas cuantas cosas a don F., pues, por principio de cuentas,nunca me habló con la verdad: con cautela y disimulo siempre fue tanteando el terreno para ver qué plazo podía sacar mientras de la base no habían lijado ni un solo pedazo de madera.Y de entre todo ese entramado de promesas falsas y verdades a medias, la pérdida para su negocio no se reduce a una base de cama, sino a un legajo de deshonestidad. ¡Qué poca madre!
“Cansado. / Sí. / Cansado / de usar un solo bazo, / dos labios, / veinte dedos, / no sé cuántas palabras, / no sé cuántos recuerdos, / grisáceos, / fragmentarios. // Cansado, / muy cansado, / de este frío esqueleto, / tan púdico, / tan casto, / que cuando se desnude / no sabré si es el mismo / que usé mientras vivía”
Oliverio Girondo, “Cansancio”
Imagen: http://www.taringa.net/
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