martes, 9 de diciembre de 2008

Un....


Una sensación de tedio. Una sed desbordada. Un largo despertar hasta media tarde. Una cerveza abierta dos veces. Un trago. Un trago más. Un momento de tenue calma, como ese delicado segundo tras la refriega. Un trago más tras el anterior. Un abrir y cerrar de ojos; insostenible a ratos. Un acorde que llega por los cuatro lados del mundo. Una página que se niega a dar vuelta. Un libro muchas veces iniciado. Un día frío; de horas estáticas, de vueltas en círculo. Un horizonte cerrado. Un grito que viene y se devuelve. Una fuerte lluvia que se desata inmisericorde y no alcanza a mojar. Un momento. Un segundo momento. Una ventana que mira al patio; lejana. Un cielo a cuadros en la cocina; todavía más lejano. Un tercer momento. Un techo de foco fundido. Un pasillo de planta nueva. Una tonada mil veces escuchada. Un cuarto momento que envuelve todo: palabras, silencio, mirada, desazón. Un grillo que, orondo, se pasea justo frente a mí. Un viejo son vuelto a saborear.

“Como ya no puedo / imaginar por mí… / quiero decir tan solamente / lo que me has enseñado, los secretos / que en mí vas alumbrando, / las pequeñas verdades que levantas / sobre mi viejo tiempo de ceniza”
Rubén Bonifaz Nuño, “El manto y la corona” –5–

Imagen: www.estudio13.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me sigue gustando mucho tu escritura. Adelante...