lunes, 27 de julio de 2009

De chismes y otros gritos (2)


Llevar y traer informaciones, desbaratar de un plumazo lo que con tiempo y esfuerzo fue construido, sacar a la luz lo destinado a los rincones y oscuridades, develar lo fantástico, lo misterioso, lo inverosímil, lo novedoso; comunicar siempre comunicar es la tarea primera del chismoso, ese es el caudal que llena sus alforjas que lleva siempre pegadas al cuerpo, cuyo contenido nunca es visto ni mostrado a terceros, mucho menos si éstos pueden echar abajo las primicias de las que vive.
Es una especie de ser que muta en cuanto se hace de un nuevo chisme y se ve impelido, urgido a comunicarlo a los destinatarios más prominentes, incluso a quienes nada tienen que ver con el asunto: en esa distinción radica quizá una de las armas cuyo doble filo no puede compararse con otra. Los interesados agradecerán con múltiples halagos, e incluso se ha dado el caso que se da a cambio algún objeto material por la información proporcionada; los menos beneficiados con ello, al contrario, se preguntarán por qué les fue compartido aquello que podría calificarse como irrisorio, sin importancia, desestimando ese oficio de vuelacercas y pregonero citadino.
El chismoso es, a veces, un ave rapaz. En otras semeja un cachorro que anda en busca de algún buen sujeto que lo adopte y lo lleve a casa. Incluso, puede llegar a ser un individuo al que se le tache de maligno, pero se excusa diciendo que únicamente está interesado en que aquella información llegue a buen puerto y haga el impacto deseado, y no se pierda en los tantos vericuetos que se abren en las relaciones entre las personas: vecinos, compañeros de trabajo, amigos, conocidos, socios, parientes, jefes-subalternos….
Existe, sin embargo, una variante “menos maligna”, el chismoso ocasional: aquel que se ve obligado por el contexto y las circunstancias a transmitir lo visto, lo oído, lo comprobado, lo necesario para desentrampar alguna situación determinada. Se trata de alguien que no hurga aquí y allá, en todas las conversaciones, en los escondrijos menos pensados en busca de aquel prodigio hablado: los dichos y declaraciones vienen a su encuentro con tanta desenvoltura que no hace más que encauzarlos hacia el lugar que considera más adecuado.

“Apenas muerto el muerto / se pone a crecer / Llena el cuarto / la casa / el tiempo / No cabe en nosotros / ni en todas las palabras con que intentamos olvidarlo / Un muerto es / interminable”
Ulalume González de León, “Muerto 3” en Descripciones

Imagen: vagosgarabatos.blogspot.com

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