lunes, 1 de septiembre de 2008

Días de perros


“Como todos sabemos, aún hay gente que abandona por el mundo a sus animales”. De entrada esto es innegable y, al mismo tiempo, es de lamentarse: los cuadros de estos abandonos se repiten y multiplican cada día más. “Esto conduce a otro tema, que a mí me arroja a la furia y al histerismo”. Hay quien, en este apartado, aún a estas alturas se pregunta por qué se protege a los animales cuando hay tanto ser humano necesitado. El asunto es una cuestión de perspectivas que, por otro lado, aquí no trataré. Lo entrecomillado lo escribe Anamari Gomís en “Vidas de perros”.
De inmediato, tras leer eso pensé en la Chica Azul, también ella se enfurece con esas actitudes: uno de sus sueños (no del todo irrealizable) es regentear y atender una granja de animales, sobre todo perros; y para muestra de esa afinidad que, de algún modo, le da para vivir, ahí está Cirilo y cuanto perro encuentra a su paso, llevado por su dueño o no, a los que prodiga, por lo menos, una mirada, cuando no una caricia y unas cuantas palabras.
A ella le mueve los adentros ver por la ciudad y pueblos a perros abandonados: Anamari, lo dice en el texto, puso en acción a cuerpos policiales y camiones de bomberos para rescatar a un perro callejero de un carril de alta velocidad en el Periférico capitalino; la Chica Azul, cada que escapa Cirilo, sale a la calle en su búsqueda, sin importar la hora ni las calles o avenidas que haya que recorrer de ida y vuelta, en un sentido y en otro; en una ocasión alguien de su familia dejó la puerta abierta a propósito para que se saliera un perro pequeño, al que ya no volvieron a ver. Eso, a pesar de haber pasado algunos años, le sigue bullendo en las entrañas. Le da rabia tan sólo recordarlo.
En muchas ocasiones, yendo en el auto su labor de copiloto (compañía llana) se ha ceñido, además de alertar sobre las luces en los semáforos, el encendido a tiempo de las direccionales, el respeto a las zonas peatonales al detenerse en cualquier crucero, a señalar, a veces con gritos o llamados de auxilio, que un perro cruza la calle o la carretera, y entonces hay que frenar si no viene auto detrás o tratar de esquivarlo cuando incluso la velocidad es un tanto alta; en todas esas veces su preocupación se ha visto premiada, pues hasta el momento —afortunado que soy— no he atropellado a ninguno.
Pero su sentido humanitario no se limita a los perros; hay en su universo de querencias un sinfín de motivos por los cuales se informa, lee, protesta, divulga, comunica, alerta, señala, defiende: de todo lo que le importa tiene un bagaje provisto de lecturas y otras acciones. No, no se le puede concebir de otra manera. No se le puede conocer de otro modo. No se le puede querer sin considerar esto.

Por cierto, Cirilo ha desaparecido de nueva cuenta: su vieja pretensión de convertirse en un perro vagabundo se ha ramificado: lo malo de la cuestión es que no creemos que pueda sobrevivir en la calle. No obstante, contra lo que se piensa en torno a ello, casi puedo asegurar que aparecerá. La Chica Azul, en este tenor, es capaz de viajar 300 kilómetros para ir en su busca, tal como lo hiciera el anciano protagonista de Historias mínimas, un filme de Carlos Sorín.

“Qué maneras más curiosas, / de recordar tiene uno; / qué maneras más curiosas, / hoy recuerdo mariposas, / que ayer sólo fueron humo / mariposas, mariposas, / que emergieron de lo oscuro, / bailarinas, silenciosas….”
Silvio Rodríguez, “Mariposas”

(El insomnio ha regresado, y sus arrestos dan para amenazas y malos ratos.
Ahí se los dejo: en Finlandia no es obligatorio el servicio militar; pero lo que sí quieren hacer obligatorio —ya se hizo la propuesta pertinente—, es que todos, absolutamente todos los finlandeses, mujeres y hombres por igual de todas las condiciones y posibilidades, tienen que llevar un año de estudios filosóficos —educación básica diríase—, cuyo fin es reflexionar sobre la situación social.)
Imagen: www.curiousanimals.net

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