
En los últimos dos meses, al cambiar de canal en el televisor, me he dado cuenta que en varios canales han proyectado Irreversible (2003), una película del argentino Gaspar Noé, que vi hace tiempo en compañía de la Chica Azul: confieso que lo hicimos en tres partes: sus nudos argumentales nos obligaron –al respiro– a detener el disco y a reproducirlo en otro momento.
“El deseo de venganza es un impulso natural”, se lee en el cartel alusivo para la promoción de ese filme francés, que cuenta la historia de atrás hacia adelante: el carrusel de la linealidad narrativa va girando a la inversa, a través de numerosos movimientos de cámara y ocularizaciones internas, desplegando un tipo de violencia sucia, degradante, inquietante, que deja secuelas, porque un acto violento siempre cala, a pesar de que sólo –no importa si de lejos o de cerca– se le mire.
“El hombre es el lobo del hombre”, señalaba Hobbes; es decir, el peligro del hombre reside en él mismo: qué paradoja o que malviaje como lo apuntarían algunos: tiene que mantener a salvo su espalda precisamente de quien tendría que cuidársela. Alucinado y apocalíptico si se quiere, pero sería difícil negar tal cosa a estas alturas.
Sabines, por su parte, escribió en un poema que “el pez grande siempre se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre”. En esto tampoco hay mucho que defender: la ley del más fuerte a menudo se impone sin juegos pirotécnicos y con todo lo que ello implica. El avasallamiento del otro a través de una actitud violenta se ha convertido en el proceder –mecánico, robotizado– más común que pueda verse, e incluso goza de una legitimación aborrecible.
En Irreversible el postulado de Hobbes y los versos del poema de Sabines (arriba citados) son llevados al encuadre –no afirmo que el director eso haya buscado. En la película hay una imitación de esa pretensión de avasallamiento, y la violencia quizá sea la manifestación primera de esa escalada de desfase iracundo que, en el fondo, –así lo veo yo– se pronuncia como un instinto natural.
“Este es un canto para ti. / Entero como el aire que pasa y acaricia las flores del durazno. / Feliz como una noche total. / Dulce como los niños que se enamoran de su maestra / y no saben decir dónde les duele / y lloran”
Efraín Bartolomé, “Canto en voz baja” en Música solar (1984)
(Ahí se los dejo: en lo que va del año se han quitado la vida 62 soldados estadounidenses y se investigan otros posibles 31 casos. El Ejército reconoce que las misiones continuas y repetidas, como la ocupación de Iraq, pueden estar influyendo en la multiplicación de cuadros depresivos y ansiedad entre los militares.)
Imagen: http://www.elfwood.com/
“El deseo de venganza es un impulso natural”, se lee en el cartel alusivo para la promoción de ese filme francés, que cuenta la historia de atrás hacia adelante: el carrusel de la linealidad narrativa va girando a la inversa, a través de numerosos movimientos de cámara y ocularizaciones internas, desplegando un tipo de violencia sucia, degradante, inquietante, que deja secuelas, porque un acto violento siempre cala, a pesar de que sólo –no importa si de lejos o de cerca– se le mire.
“El hombre es el lobo del hombre”, señalaba Hobbes; es decir, el peligro del hombre reside en él mismo: qué paradoja o que malviaje como lo apuntarían algunos: tiene que mantener a salvo su espalda precisamente de quien tendría que cuidársela. Alucinado y apocalíptico si se quiere, pero sería difícil negar tal cosa a estas alturas.
Sabines, por su parte, escribió en un poema que “el pez grande siempre se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre”. En esto tampoco hay mucho que defender: la ley del más fuerte a menudo se impone sin juegos pirotécnicos y con todo lo que ello implica. El avasallamiento del otro a través de una actitud violenta se ha convertido en el proceder –mecánico, robotizado– más común que pueda verse, e incluso goza de una legitimación aborrecible.
En Irreversible el postulado de Hobbes y los versos del poema de Sabines (arriba citados) son llevados al encuadre –no afirmo que el director eso haya buscado. En la película hay una imitación de esa pretensión de avasallamiento, y la violencia quizá sea la manifestación primera de esa escalada de desfase iracundo que, en el fondo, –así lo veo yo– se pronuncia como un instinto natural.
“Este es un canto para ti. / Entero como el aire que pasa y acaricia las flores del durazno. / Feliz como una noche total. / Dulce como los niños que se enamoran de su maestra / y no saben decir dónde les duele / y lloran”
Efraín Bartolomé, “Canto en voz baja” en Música solar (1984)
(Ahí se los dejo: en lo que va del año se han quitado la vida 62 soldados estadounidenses y se investigan otros posibles 31 casos. El Ejército reconoce que las misiones continuas y repetidas, como la ocupación de Iraq, pueden estar influyendo en la multiplicación de cuadros depresivos y ansiedad entre los militares.)
Imagen: http://www.elfwood.com/
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