viernes, 26 de septiembre de 2008

De aficiones


El domingo por la noche presencié por televisión el último juego en Yankee Stadium. Perdóneseme mi afición a los Yankees: pero viéndolos jugar es comprensible la aversión legendaria con los Medias Rojas. Mi afición al béisbol, sin embargo, no es tan añeja como esas batallas de rancio pitcheo y deslumbrante bateo: ya fuera en la casa de los Yankees o frente al Monstruo Verde.
El Yankee Stadium será echado abajo: en mayo próximo se inaugurará la nueva casa del equipo de uniforme de pijama a rayas, “esa casa que construyó el legendario Babe Ruth con su grandeza”, y quien fuera el primero en conectar un jonrón en ese inmueble.
El domingo, cuando Mariano Rivera, el cerrador panameño de los “Bombarderos del Bronx”, saltó al terreno de juego para liquidar la parte alta de la novena entrada: miles de flashes brotaron por todas las gradas, parecía un juego luminoso encendido a propósito para congelar el instante.
Después, ya con los 27 outs reglamentarios y la victoria en la pizarra, el equipo se despidió dando una especie de vuelta olímpica. La Historia, ahora, se encargará de consignar “la historia” que se escribió en Yankee Stadium, “donde la bruma se vuelve una neblina sepia,… en ese templo –catedral ya sumergida en el corazón- inventado en medio de todos los árboles,… en esa casa que se volvió el hogar de miles de sueños: el Bambino corría las bases en cámara lenta, a pesar de la rapidez de las viejas películas, destocándose la gorra en reverencia a la ciudad de Nueva York y al mundo entero”.

“¿Estuve aquí en la noche? / ¿Acaso vi las primeras estrellas, / las que ahora seca el sol sobre la arena? / ¿Vi llegar los leños pulidos como huesos, / los gritos de antiguos ahogados refugiándose en las grutas, / las madres muertas de los marineros / mirando los confines entre sus largos cabellos nocturnos? / He aquí un día de los siglos.”
Vicente Gerbasi, “Soledad marina” en Los espacios cálidos (1952)

(Lo entrecomillado pertenece al texto "Catedral sumergida" de Jorge F. Hernández, Público, septiembre 25 de 2008.
Perdóneseme, de nuevo, mi afición a los Bombarderos. Lo único malo de todo esto es que se ha truncado mi sueño de asistir a un juego de los Yankees en ese mítico estadio, que en unas horas no será más que escombros.
Ahí se los dejo: de las cosas paradójicas con las que nos encontramos todos los días, me percaté de ésta hace unas dos semanas: en esta ciudad tan extraña de por sí, hacen esquina estas dos calles: Penitenciaría y Libertad.)
Imagen: http://www.circuitclouts.com/

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