lunes, 14 de julio de 2008

"Tú tienes cara de...."


Lo que uno menos piensa, cuando se va por ahí, es que en algún momento y en cualesquiera lugar, alguien salga con aquella sentencia que a estas alturas todavía no me puedo explicar: “tú tienes cara de….”, “tú tienes cara de que te gusta….”.
Y entonces sobreviene una avalancha de cuestionamientos internos que pugnan por dar claridad a esos latigazos oscuros que suscitan esas palabras venidas de quién sabe dónde: ¿cómo se habrá percatado de que tengo afición por los pericos australianos?, ¿acaso mis ojos delataron mi inclinación por las peceras de colores?, ¿en mi semblante cejijunto descubrió que desde niño rompo a gritar y patalear si la calificación de toda materia no tiene como mínimo un nueve?, entre tantas otras cuestiones que nos toman por asalto.
La más férrea personalidad se ve sacudida ante tales dictámenes acuciosos: no son pocos los que van por la vida endilgando etiquetas de cualidades y modos de ser a las personas, repartiendo a diestra y siniestra (a veces con actitud siniestra) sin considerar por un momento que pueden provocar un cisma interno o echar por tierra el desvelo de una nueva personalidad fraguada por largo tiempo.
Hay quienes, incluso, lanzan estos anzuelos (“tú tienes cara de….”) con un desparpajo que no puede sino provocar temor en el aludido; es decir, ha sucedido, por ejemplo, que más de alguno recibe un “tú tienes cara de….” de parte de alguien que apenas conoce, que no tiene más de una semana de tratarlo –por encimita-, que es su nuevo compañero de trabajo o que, de plano, nunca había visto en su vida —salvo esa vez.
Ahora, ¿en qué se basan estos aventurados engendradores para prodigar, sin reparos ni mezquindad, las más diversas personalidades y una larga lista de atributos? La cuestión, si se me permite anotarlo, no es que atinen o yerren en sus decisiones, sino en el proceso de desdoblamiento y conocimiento que, en algunos, arranca en el justo instante en que le dicen “tú tienes cara de….”.

“Buenos días día / Buenas noches noche / El sombrero del día se levanta hacia la noche / El sombrero de la noche se baja hacia el día”
Vicente Huidobro, “Noche y día” en Ver y palpar

(Ahí se los dejo: el viernes pasado, sobre la av. López Mateos sucedió una escena que hay que guardar para la posteridad: algunos pasajeros de camión urbano defendieron al chofer de un agente de vialidad y acabaron recluidos en La Curva; el asunto sucedió de este modo: una unidad de la ruta 24 circulaba por esa avenida cuando un agente vial, a pesar de estar la luz en rojo del semáforo le indicó al chofer que siguiera; una cuadra más adelante lo detuvo otro agente con la intención de multarlo por pasarse el alto. Sin considerar las atenuantes que esgrimía el conductor, el azul procedió a multarlo; entonces, de la unidad descendieron algunos pasajeros para interceder en favor del chofer; el resultado: dos de los usuarios de la ruta acabaron tras las rejas en La Curva y el camión fue llevado al corralón porque el conductor se negó a mostrar la documentación que el agente le requería. ¡Qué mala leche!)

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