
A veces las palabras se esconden. Se vuelven escurridizas, inatrapables al lápiz. Se niegan a hilarse para construir renglones que quieran decir algo, que den cuenta de algún estado de ánimo o que señalen la hora en que sobrevino un milagro que para otros ojos pasó desapercibido. Y entonces hay que salir en su busca, provistos de una red de ésas con las que se suelen atrapar mariposas: correr tras de ellas, apenas se les descubre merodeando con despreocupación o quizás fisgoneando detrás de cualquier objeto, puede considerarse una actitud temeraria y capturarlas, una acción que merecería, por lo menos, unos cuantos aplausos de todo espectador casual o interesado, dedicados con absoluta seriedad.
Atrapar palabras al vuelo, aluciérnagadas, es como abrir los puños una y otra vez y sostener por largos instantes en la palma las miles de gotas luminosas que trae todo aguacero. Luego, al regreso, ya con la red atestada de especímenes, ha de ser un itinerario festivo, sembrado de risas y gestos eufóricos.
Las palabras ya escritas, al fin, no pueden, por más que lo intentan, trasponer los límites del renglón (a menos que en la lectura alguien les dé otra posibilidad) y éste, a su vez, se engarza con otros iguales que, al mismo tiempo, le dan forma a una masa de miles de cabezas cuyo estatismo puede conducir a la pasmosidad, a lo deslumbrante, a la impasibilidad, a lo apoteósico.
"Cuando (el pájaro) retorna a su silencio / de leñador sin bosque / y guarda el hacha, el hacha errante de sus plumas / y su canto. / Ya no le queda ahora más faena / sino afrontar la noche / de negra tinta solitaria, / hasta que de la sombra vuelva el día / y su ávido milagro."
Eugenio Montejo, "De aire en aire" en Fábula del escriba (2006)
(En estos días, todo el viento del mundo sopla en tu dirección.... Te doy una canción....
El miércoles pasado Bebesito cumplió dos años: su desconcierto al ver la bolsa de regalo después fue compensado al verlo correr, ilusionado.
Ahí se los dejo: las calles se han vuelto, sin querer parecer paranoico, tierra de nadie, un territorio inhóspito: encobijados, encapuchados, entambados, decapitados; granadas que explotan en actos públicos. Villoro escribía ayer en su columna: "No sabemos quién es el enemigo. No sabemos quién es la policía. Sabemos que estamos en la mira.")
Imagen: lascosasdelualua.blogspot.com
2 comentarios:
¿Hay clases para atrapar palabras al vuelo? Sí las hay las necesito con urgencia porque eso de no encontrarlas cuando se les necesita, no digamos para pretensiones artísticas sino de sobrevivencia, es una verdadera calamidad. ¡Tips, tips!
Para tomar palabras al vuelo no se necesita un radar o una previa instrucción: basta mantener los ojos bien abiertos aún cuando se duerma plácidamente....
Publicar un comentario